lunes, 31 de marzo de 2014

La niña de los tres maridos




Había un padre que tenía una hija muy hermosa, pero muy voluntariosa y terca. Se presentaron tres novios a cual más apuestos, que le pidieron su hija; él contestó que los tres tenían su beneplácito, y que preguntaría a su hija a cuál de ellos prefería.
Así lo hizo, y la niña le contestó que a los tres.
-Pero, hija, si eso no puede ser.
-Elijo a los tres -contestó la niña.
-Habla en razón, mujer -volvió a decir el padre-. ¿A cuál de ellos doy el sí?
-A los tres -volvió a contestar la niña, y no hubo quien la sacase de ahí.
El pobre padre se fue mohíno, y les dijo a los tres pretendientes que su hija los quería a los tres; pero que como eso no era posible, que él había determinado que se fuesen por esos mundos de Dios a buscar y traerles una cosa única en su especie, y aquel que trajese la mejor y más rara sería el que se casase con su hija.
Pusiéronse en camino, cada cual por su lado, y al cabo de mucho tiempo se volvieron a reunir  allende los mares, en lejanas tierras, sin que ninguno hubiese hallado cosa hermosa y única en su especie.
Estando en estas tribulaciones, sin cesar de procurar lo que buscaban, se encontró el primero que había llegado con un viejecito, que le dijo si le quería comprar un espejito.
Contestó que no, puesto que para nada le podía servir aquel espejo, tan chico y tan feo.
Entonces el vendedor le dijo que tenía aquel espejo una gran virtud, y era que se veían en él las personas que su dueño deseaba ver; y habiéndose cerciorado de que ello era cierto, se lo compró por lo que le pidió.
El que había llegado el segundo, al pasar por una calle se encontró al mismo viejecito, que le preguntó si le quería comprar un botecito con bálsamo.
-¿Para qué me ha de servir ese bálsamo? -preguntó al viejecito.
-Dios sabe -respondió este-; pues este bálsamo tiene una gran virtud, que es la de hacer resucitar a los muertos.
En aquel momento acertó a pasar por allí un entierro; se fue a la caja, le echó una gota de bálsamo en la boca al difunto, que se levantó tan bueno y dispuesto, cargó con su ataúd y se fue a su casa; lo que visto por el segundo pretendiente, compró al viejecito su bálsamo por lo que le pidió.
Mientras el tercer pretendiente paseaba metido  en sus conflictos por la orilla del mar, vio llegar sobre las olas una arca muy grande, y acercándose a la playa, se abrió, y salieron saltando en tierra infinidad de pasajeros.
El último, que era un viejecito, se acercó a él y le dijo si le quería comprar aquella arca.
-¿Para qué la quiero yo -respondió el pretendiente-, si no puede servir sino para hacer una hoguera?.
-No, señor -repuso el viejecito-, que posee una gran virtud, pues que en pocas horas lleva a su dueño y a los que con él se embarcan adonde apetecen ir y donde deseen. Ello es cierto; puede usted cerciorarse por estos pasajeros, que hace pocas horas se hallaban en las playas de España.
Cerciorose el caballero, y compró el arca por lo que le pidió su dueño.
Al día siguiente se reunieron los tres, y cada cual contó muy satisfecho que ya había hallado lo que deseaba, y que iba, pues, a regresar a España.
El primero dijo cómo había comprado un espejo, en el que se veía, con sólo desearlo, la persona ausente que se quería ver; y para probarlo presentó su espejo, deseando ver a la niña que todos tres pretendían.
¡Pero cual sería su asombro cuando la vieron tendida en un ataúd y muerta!
-Yo tengo -exclamó el que había comprado el bote- un bálsamo, que la resucitaría; pero de  aquí a que lleguemos, ya estará enterrada y comida de gusanos.
-Pues yo tengo -dijo a su vez el que había comprado el arca- un arca que en pocas horas nos pondrá en España.
Corrieron entonces a embarcarse en el arca, y a las pocas horas saltaron en tierra, y se encaminaron al pueblo en que se hallaba el padre de su pretendida.
Hallaron a este en el mayor desconsuelo, por la muerte de su hija, que aún se hallaba de cuerpo presente.
Ellos le pidieron que los llevase a verla; y cuando estuvieron en el cuarto en que se encontraba el féretro, se acercó el que tenía el bálsamo, echó unas gotas sobre los labios de la difunta, la que se levantó tan buena y risueña de su ataúd, y volviéndose a su padre, le dijo:
-¿Lo ve usted, padre, cómo los necesitaba a los tres?

Cuento sobre bullyng .acoso escolar




En cierta ocasión un grupo de niños de un colegio estaba de excursión. Prácticamente todos jugaban a la pelota, menos Moncho, al que veían como un chico tontorrón que no servía para otra cosa que para reírse de él. Y es que no le gustaban ni las peleas, ni los deportes, ni nada de nada, ¡ni siquiera se defendía cuando le pegaban!. Era tan raro, que ni siquiera aquel día jugaba al fútbol como los demás. Y la única vez que dio al balón, lo hizo tan mal que acabó en una pequeña cueva. Cuando entraron por la pelota, en su interior descubrieron un cofre con un enorme libro del que salía un brillo especial. Corrieron a llevárselo a la maestra, quien lo encontró fascinante, y acordaron leerlo en clase a lo largo de los días siguientes.
El libro se titulaba "los grandes dones", y contaba maravillosas historias y cuentos acerca de grandes inventores, maravillosos artistas, sabios escritores y aventureros y buscadores de tesoros. Con cada historia, los niños abrían aún más los ojos, y quedaban encantados con aquellos personajes con dones tan especiales.
Hasta que llegaron a la última página del libro, la que contaba el origen de aquellos grandes personajes. La maestra leyó:
"Existe un lugar en el cielo llamado la fuente de los corazones, donde antes de nacer a cada corazón se le asignan sus muchos dones. Más o menos un poquito de cada cosa, para conseguir personas normales. Pero de vez en cuando, algo sale mal, y algunos corazones llegan al final mucho más vacíos. En esos casos, se rellenan con un último don que convierte esa persona en excepcional. Pueden faltarle muchas otras cualidades; en muchas cosas será distinto del resto y le verán como un niño raro, pero cuando llegue a descubrir su don especial, sus obras pasarán a formar parte de estos libros y cuentos."
Cuando cerró el libro se hizo un largo silencio en clase. Mientras todos pensaban en sus propios dones, Moncho salió con una de sus rarezas:
- ¿Y si te hacen un transplante y te ponen el corazón de un cerdo, tendrás cualidades de cerdo?­ - preguntó todo serio.
Todos sintieron unas enormes ganas de reír, pero entonces, al mirar a Moncho, comprendieron que era él precisamente uno de aquellos casos tan especiales. Y sintieron pena por cada una de las veces que se habían reído de su torpeza y sus cosas raras. Desde aquel día, nunca más trataron de burlarse de Moncho, y entre todos trataban de ayudarle a descubrir su don especial, que resultó ser un talento artístico increíble que le convirtió en el pintor más famoso de su tiempo.

CUENTO SÍMBOLOS PATRIOS, ¿QUÉ SON?





Ashitaka.
Era un callado día, mi nombre es Santiago, todos los días me la paso pensando sobre diferentes cosas, insignificantes pero que me atraen, aunque ese día no podía descifrarlo, y me preguntaba.
-¿Qué son Los Símbolos Patrios?…
Fui con la más inteligente humana que podía existir en la faz de la tierra…mi madre, no sólo era la más lista, sino la más hermosa criatura. Su cabello es tan fino como la seda, fuerte, sano color negro como la sombra en la oscuridad y cae como cascadas.
-Mamá, ¿qué son Los Símbolos Patrios?. Pregunté con entusiasmo.
-Los símbolos Patrios son las cosas que representan a México. Me contestó.
-¿Y cuáles son?
-Verás son:… La Bandera Nacional, la cual pasa todos los lunes.
.-Hablas de La Bandera Tricolor… Dije absortó por el interés que evocaba mi mente.
-Si. Me contestó con una muy suave voz.
-El segundo es El Himno Nacional, que siempre se canta después de que pasa la bandera.
-Es la que comienza con Mexicanos al gritó de guerra…
-Si, es exactamente esa canción. Me contestó.
-Y cuál es el tercer símbolo.
Hizo una pausa, al escuchar que llegó mi papá. Fue a atenderlo y me quedé en duda del último símbolo.
Subí las escaleras después de que mi madre se acercó a darle de comer, me dirigí a mi recamará y me senté en mi escritorio de madera pulida y barnizada, me quedé contemplando la flor que crecía en la ventana.
Comenzó a pensar en todo lo que tuvieron que sufrir los luchadores de La Guerra de Independencia para darnos la libertad que tenemos, pero, ¿por qué habrán luchado sabiendo que podrían morir, esos hombres y mujeres?
Bueno esa duda, sería para después; en ese instante tenía que concentrar en Los Símbolos Patrios. Bandera, El Himno Nacional…
Escuché el agudo sonido de las trompetas retumbando en el cuarto de Alexander mi hermano mayor.
Una gran idea se me vino a la mente, el es de la banda de guerra, de seguro él sabe cuál es el tercer Símbolo Patrio.
Subí las escaleras, abrí suavemente la puerta y me dirigí a él.
Paro de tocar el instrumento, dio media vuelta y dijo.
-¿Qué sucede? preguntó.
–Quería saber si tú tienes conocimientos del tercer Símbolo Patrio.
-Claro.
-¿Cual es?
-Es el escudo.
-Escudo. Hice una pequeña pausa.
-¿Y eso qué es?
-Recuerdas La Bandera, pues el águila y la serpiente son a lo que se le denomina escudo y significa la alianza y nuestro territorio, el verde de la bandera es la tierra próspera en México, el rojo la sangre que se derramó en la guerra y el blanco la libertad de nuestro país.
Por fin ese día logre resolver la gran duda de mi cabeza y al fin sabía cuáles eran Los Símbolos, pero nunca descanso y es constante la batalla de un niño con su mente, porque queremos saber todo, yo espero que les allá gustado mi relato y me despido, ¡hasta la próxima aventura!

cuento maya La anciana y la solterona Chiich yéetel xnuuk ch’úupal




La anciana y la solterona
Chiich yéetel xnuuk ch’úupal 1
Narrador: Eleuterio Poot Yah2

Una anciana llegó a la tienda donde una solterona atendía a la clientela y le preguntó:

–¿Ay ninia, pero tú, cuándo te vas a casar?
–¡Qué me voy a casar! los hombres de ahora no mantienen a la esposa!

–justificó la mujer.
–¡Ay ninia!, es muy cierto lo que dices, porque mírame a mí: de noche tengo abundante comida sabrosa, pero de día, ¡nada! –se quejó la vieja.


1 Recopilación, transcripción y traducción libre al castellano: Ana Patricia Martínez Huchim.
2 Profesor de lengua maya. Enero de 2005.
Ku kóojol juntúul chiich ti’ jump’éel kúuchil tu’ux ku ko’onol ba’alo’ob, le xkoonolo’ juntúul xnuuk ch’úupal, ku ya’alik tun le chiiche’ bey ti’ le xnuuk ch’úupalo’:
–¿Ay ninia, ba’ax k’iin kan ts’o’okol a beel beya’?
–¡Ba’ax kun ts’o’okol in beel! le wíinko’obo’ bejla’e’ ma’ tu tséentiko’ob u yatano’ob –ku ya’alik le xnuuk ko’olelo’.
Ku núukik túun chiich:
–Ay ninia lelo’ jach jaaj a t’aan, tumen tene’ yaan in ya’ab ki’ janal yéetel áak’ab, yéetel k’iine’, ¡mina’an!.

Cuento ruso El Gallito de Cresta de Oro





Aleksandr Nikolaevich Afanas'ev
Un viejo matrimonio era tan pobre que con gran frecuencia no tenía ni
un mendrugo de pan que llevarse a la boca.
Un día se fueron al bosque a recoger bellotas y traerlas a casa para
tener con que satisfacer su hambre.
Mientras comían, a la anciana se le cayó una bellota a la cueva de la
cabaña; la bellota germinó y poco tiempo después asomaba una ramita por
entre las tablas del suelo. La mujer lo notó y dijo a su marido:
-Oye, es menester que quites una tabla del piso para que la encina
pueda seguir creciendo y, cuando sea grande, tengamos bellotas en casa sin
necesidad de ir a buscarlas al bosque.
El anciano hizo un agujero en las tablas del suelo y el árbol siguió
creciendo rápidamente hasta que llegó al techo. Entonces el viejo quitó el
tejado y la encina siguió creciendo, creciendo, hasta que llegó al
mismísimo cielo.
Habiéndose acabado las bellotas que habían traído del bosque, el
anciano cogió un saco y empezó a subir por la encina; tanto subió, que al
fin se encontró en el cielo. Llevaba ya un rato paseándose por allí cuando
percibió un gallito de cresta de oro, al lado del cual se hallaban unas
pequeñas muelas de molino.
Sin pararse a pensar más, el anciano cogió el gallo y las muelas y
bajó por la encina a su cabaña. Una vez allí, dijo a su mujer:
-¡Oye, mi vieja! ¿Qué podríamos comer?
-Espera -le contestó ésta-; voy a ver cómo trabajan estas muelas.
Las cogió y se puso a hacer como que molía, y en el acto empezaron a
salir flanes y pasteles en tal abundancia que no tenía tiempo de
recogerlos. Los ancianos se pusieron muy contentos, y cenaron
suculentamente.
Un día pasaba por allí un noble y entró en la cabaña.
-Buenos viejos, ¿no podríais darme algo de comer?
-¿Qué quieres que te demos? ¿Quieres flanes y pasteles? -le dijo la
anciana.
Y tomando las muelas se puso a moler, y en seguida salieron en montón
flanes y pastelillos.
El noble los comió y propuso a la mujer:
-Véndeme, abuelita, las muelas.
-No -le contestó ésta-; eso no puede ser.
Entonces el noble, envidioso del bien ajeno, le robó las muelas y se
marchó.
Apenas los ancianos notaron el robo se entristecieron mucho y
empezaron a lamentarse.
-Esperad -les dijo el Gallito de Cresta de Oro-; volaré tras él y lo
alcanzaré.
Echó a volar, llegó al palacio del noble, se sentó encima de la
puerta y cantó desde allí:
-¡Quiquiriquí! ¡Señor! ¡Señor! ¡Devuélvenos las muelas de oro que nos
robaste!
En cuanto oyó el noble el canto del gallo ordenó a sus servidores:
-¡Muchachos! ¡Coged ese gallo y tiradlo al pozo!
Los criados cogieron al gallito y lo echaron al pozo; dentro de éste
se le oyó decir:
-¡Pico, pico, bebe agua!
Y poco a poco se bebió toda el agua del pozo. En seguida voló otra
vez al palacio del noble, se posó en el balcón y empezó a cantar:
-¡Quiquiriquí! ¡Señor! ¡Señor! ¡Devuélvenos las muelas de oro que nos
robaste!
El noble, enfadado, ordenó al cocinero que metiese el gallo en el
horno. Cogieron al gallito y lo echaron al horno encendido; pero una vez
allí, empezó a decir:
-¡Pico, pico, vierte agua!
Y con el agua que vertió apagó toda la lumbre del horno.
Otra vez echó a volar, entró en el palacio del noble y cantó por
tercera vez:
-¡Quiquiriquí! ¡Señor! ¡Señor! ¡Devuélvenos las muelas de oro que nos
robaste!
En aquel momento se encontraba el noble celebrando una fiesta con sus
amigos, y éstos, al oír lo que cantaba el gallo, se precipitaron asustados
fuera de la casa. El noble corrió tras ellos para tranquilizarlos y
hacerlos volver, y el Gallito de Cresta de Oro, aprovechando este momento
en que quedó solo, cogió las muelas y se fue volando con ellas a la cabaña
del anciano matrimonio, que se puso contentísimo y vivió en adelante muy
feliz, sin que, gracias a las muelas, le faltase nunca qué comer.